marzo 18, 2011

De mi abuelita, su cocina y la mía





Ay pobre blog! miren que lo tenía abandonado. Pobre. Pero aquí estoy lista para retomar la buena costumbre de escribir un poquitín.

Pues sí, hoy, un 18 de marzo (que me trae la amenaza de que se acaba el invierno que tanto me gusta y regresan la primavera y el verano con sus calores infernales), es un viernes de cuaresma, lo cual para los católicos practicantes, que se supone somos el grueso de la población mexicana, implica hacer "vigilia" o sea no comer carne roja... bueno ya saben.

Ya sé que no voy a salvar mi alma por evitar comer carne roja, y que realmente no es sacrificio, sí, como lo hice hoy, uno se come dos porciones de salmón y un delicioso plato de noodles (sabor camarón por si las moscas, pero vamos, soy criatura de costumbres y esa es una que tengo. Mientras me preparaba tan suculento y bizarro menú pensaba en mi abuelita, de hecho mi bisabuelita. Se llamaba Mercedes (y por nada nos tocaba compartir nombre), pero por costumbre le deciamos Machis. Sí me viera cocinar, ¿qué me diría?.

El salmón no viene de la pescadería, es congeladito de Sam's en bolsitas ya listas para porciones individuales y al vacío. Y los noodles pues cuestan 4 pesos en el súper y sólo hay que poner a calentar agua vaciar una bolsita y listo!. Voilá!.


Aunque creo que entre tanta diluidera de génes por ahí me tocaron algunos de los que ella tenía de buena cocinera. Pero para ella que nació en 1901, la onda de la cocinada era otra. Todo el día era práctimente dedicado a alimentar a la familia. Una sopita de fideos no era de sobrecito de knorr ¡¡NO!! The horror. Uno hacía caldo de pollo para ponerle a la sopa. Un mole tomaba varios días porque ella limpiaba los chiles y los molía (o lo que sea que se haga con ellos).


Los hotcakes no se hacían con harina preparada sino con harina normal. Y mejor que se acabara la comida, porque para el otro día ya no estaba buena "sabía a refri".Eso de "merendar" quesadillas está bueno, pero había que completar con otro antojito ah! y la quesadilla llevaba su hojita fresca de epazote. Nada de darle a los perros croquetas. ¡No Señor!, había que hacerles un caldo con retazo de res, pollo, cerdo verduras y lo que quedó del arroz.


Y pienso... que mujeres como ella había muchas. ¿Qué nos dirían si nos vieran cocinar? con nuestro caldo de pollo en polvo, nuestros microondas, leche ultrapasteurizada y sártenes de teflón.